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lunes, 31 de mayo de 2010

“En todas las artes hay una parte física que no puede ser tratada como antaño, que no puede sustraerse a la acometividad del conocimiento y la fuerza modernos. Ni la materia, ni el espacio, ni el tiempo son desde hace veinte años, lo que han venido siendo desde siempre. Es preciso contar con que novedades tan grandes transformen toda la técnica de las artes y operen por tanto sobre la inventiva, llegando quizás hasta a modificar de una manera maravillosa la noción misma de arte” Paul Valery.


Con el progresivo surgimiento de nuevos mecanismos de creación ligados a la tecnología, surgen los llamados “entornos pluriartísticos”, donde el arte empieza a establecer relaciones con otras prácticas y formas de conocimiento, haciendo evidente la necesidad quizá de superar sus propios límites. La obra de arte se sumerge en una nueva estética, y si bien los elementos tradicionales están inmersos en los “nuevos medios”, la forma en que se perciben traen consigo una ineluctable mutación. Se abre una brecha que dispara la multiplicidad en las posibilidades de significación, en este punto se revela “el movimiento de convertirse en otro” con el que Pierre Levi nos introduce en el concepto de virtualización. Obras como "Emotor" o "Uberorgan" del artista californiano Tim Hawkinson, utilizan en sus instalaciones una multiplicidad de elementos como, mecánica, electrónica, fotografía, y sonido, que a mi juicio son armonizados, y hacen evidente esta la idea expuesta por Levi acerca de cómo lo real se asemeja a lo posible, además de ofrecer una mirada “literal" de lo que podríamos considerar "imagen en movimiento" incluyendo herramientas diferentes al video. Cabe citar también el “cyber art” del frances Zaven Paré, donde obviamente sobresale el aprovechamiento de la interdisciplinariedad en la obra.

El uso común del término “virtual” supone una imposibilidad de lo tangible, a partir de esta premisa se diría que lo virtual no se acoge a lo real; no puede invalidarse del todo esta concepción pero a la vez no puede tomarse como una certeza. En la relación del artista con ciertos tipos de Software podemos poner en juego la anterior manifestación. Pongo como ejemplo la “pintura digital”, ésta a diferencia de la pintura tradicional, se caracteriza en dos aspectos singulares que además se potencian entre sí. La primera que se vincula con la noción de un método indirectodonde la superposición de capas permite establecer relaciones aditivas y substractivas en los distintos valores tanto tonales como cromáticos. En segundo término, observamos que las relaciones aleatorias a partir de la interacción de capas, permite concebir el uso de imagen de segunda generación. Esta fusión entre la obra pictórica como método indirecto y la obra gráfica como imagen de segunda generación, abre un nuevo campo de exploración plástica que ha ido tomando forma en las últimas décadas de manera inusitadamente versátil y de desarrollo exponencial. (digital-painting).

En una pintura del renacimiento podemos clasificar como hardware todo lo contenido en la obra, desde el ensamblaje del lienzo hasta los últimos detalles puestos en la superficie, todo lo “tautológicamente perceptible”, en este asentamiento, podría “situar” lo virtual en todo lo que en potencia es la obra desde la iniciación de su proceso y de ahí en adelante hasta cada micro partícula puesta ineludiblemente sobre ella cada segundo, que indiscutiblemente, y sin salirse del régimen de lo objetivo van llevando la obra de estado en estado, como señala nuevamente Levy, en un “proceso de transformación de un modo a otro de ser”. Partiendo de lo anterior, la virtualización está, pero ese estar es de cierta forma pasivo. Todos los estados de la obra apenas si pueden ser perceptibles al tiempo en que se generan, y a medida que otro estado aparece, quedamos inhabilitados para acceder en forma total y detallada al estado anterior, el medio no nos permite entonces disgregar a nuestro antojo el proceso de creación. La memoria de los estados esta sujeta únicamente al creador, y si este quisiera exponer esa memoria, no podría conseguirlo de forma tangencial y verídica como hoy es capaz de hacerlo un simple historial de photoshop, no podría afirmar que cierto estado se comporto o sucedió de una u otra manera y muy seguramente no habrá podido “acaudalar la totalidad de los datos”; en este aspecto es donde lo virtual vacila respecto a lo real. “Fluid Paint” es una técnica que utiliza un software para trabajar con “oleos virtuales”, una pantalla táctil asimila hasta la humedad del pincel y los valores lineales como si se trabajara sobre un lienzo. Aquí los elementos que componen el hardware son un juego tanto de preservación como de renovación, “sigo usando el mismo pincel, pero mis pigmentos ya no son del mismo orden, no ocupan espacio en la paleta sino en el disco duro”. En este caso el sincretismo de las técnicas tradicionales y la evolución de lo digital no puede ser más evidente. La invención de una nueva forma a partir de un elemento base en respuesta a las necesidades y posibilidades dadas por el entorno, en este caso, el entorno tecnológico; “la actualización es la respuesta a la virtualización”.

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